Hay una realidad, dramática y dolorosa, que compartimos muchos dominicanos: el transporte público. Conocemos las deficiencias del transporte en nuestro país, sabemos que “el peatón es un perro” y sabemos que, a veces, no nos queda más remedio.
Hay tres clases de vehículo de transporte público.
Los Biónicos, que no son más que carros comunes y corrientes, pero sus conductores han desarrollado habilidades especiales y los carros alcanzan velocidades extraordinarias que no se corresponde con el “destartale” del carro en cuestión.
Por otro lado tenemos Las Voladoras. Las voladoras son guaguas de poco más de 30 pasajeros que, literalmente vuelan (de ahí su nombre de Voladora). Estas guaguas son expansibles, cabe la cantidad de gente que al cobrador le parezca. Las voladoras son impresionantes, caben por lugares en los que hasta una motocicleta tendría dificultades para pasar.
El último tipo de transporte público son las guaguas de la OMSA. Son el único transporte público bajo jurisdicción del Estado, pro esto no garantiza calidad en el mismo. Las guaguas son hojalatas, tal como las voladoras, y los choferes son “racings”, como los de los biónicos.
Para esta serie, La Vida en Voladora, el vehículo que nos atañe son las voladoras. Cada tarde tengo que hacerme de valor para subirme en esa infame voladora y dirigirme a mi trabajo. Mis otras opciones son los biónicos, que al fin de cuentas me cuesta el doble, y los taxis hace rato que dejaron de ser una opción.
La Vida en Voladora comenzó como una tontera en Twitter. Un día se me ocurrió describir como era un viaje regular desde mi casa al trabajo, aproximadamente 45 minutos. A la gente le gustó, y comencé a utilizar el tag #lavidaenvoladora para contar, en vivo y directo, todo lo que pasaba en la voladora en que me encontraba camino a mi trabajo.
Hay historias que no pueden decirse en un twitt. Hay cosas que necesitan de toda la descripción de la situación para que tengan sentido. Es por eso que hoy inicio formalmente la serie La Vida en Voladora en este, mi blog.
Espero que lo disfruten mientras dure (la vida en voladora tendrá que terminar en algún momento!).