Por Amelia Pontes de Sound Bites
Los ves saltarse las cercas, hacer rechinar los metales en parques públicos, subirse sobre las barras y pararse 20 pies sobre el suelo agitando los puños en señal de victoria. Envidiarás la libertad y la inocencia en sus brincos y en los nudos de su cabello sin peinar. Añorarás la fuente de la juventud, o soñarás con una máquina que te lleve de regreso a aquellos tiempos de invisibilidad e ingenuidad. Comenzarás a sentir lástima por ti mismo y lamentarás los crujidos de tu espalda y los nudos en tus hombros.
Entonces escucharás sus palabras y los verás hablar unos con otros. Escucharás la actitud defensiva en su aliente, exhausto y exasperado por sus inseguridades. Sus cuerpos se deslizan con libertad en sus skateboards, pero sus mentes tiemblan de miedo.
Superarás la nostalgia de la juventud y recordarás exactamente lo que era tener 16. Las noches en que te molestaba el acné en tu barbilla harán bajar un hilo de sudor por tu espalda. Recordarás la ansiedad que causaban los exámenes de Geometría. El trauma de que la maestra lea tu escrito en frente de toda la clase volverá a tu mente y un frio recorrerá tu espina dorsal.
No olvidemos lo que es (realmente) ser un adolescente. Tener veintinueve no parece divertido, pero es, sin duda, confortable. No sé qué quiero hacer por el resto de mi vida, pero al menos tengo un plan para mañana. Sé quiénes son mis amigos, y que mi barista favorito en Starbucks trabaja la tanda de la mañana, cuando regularmente voy. Tengo, finalmente, un restaurante favorito y un vino favorito. Me gustan los vegetales, y correr y hacer ejercicio no es algo que me asuste. Tengo una cuenta de banco que no está sobregirada. Tengo un excelente seguro de salud. No tengo que rogar por cambio para el autobús, finalmente tengo un pase mensual. Es cierto, todavía vivo en casa de mis padres, pero esto es lo que hace más sentido en este momento de mi vida. Tengo independencia, con el confort de un tibio abrazo de mami los sábados en la mañana. No tengo licencia de conducir, pero mis piernas son ahora más fuertes que nunca y mis pantorrillas lucen geniales. Mi cabello no está tan frizz como antes gracias a una extraordinaria peluquera. Toda mi ropa luce bien en mí, aquello de que la belleza está en el ojo de quien mira finalmente tiene sentido. La vida es difícil e injusta, pero soy lo suficientemente adulta como para saber que todo está en orden.
*El post original fue escrito en inglés con el título “Getting over the nostalgia of youth” que pueden leer aquí. Traducido y publicado con autorización de la autora.





