El cuento de las arepitas

11 04 2014

Cuando se tiene 6 años se sabe de muchas maravillas sin precio. Se sabe de carreras (quien gana, batea) y de matas de mango. Se sabe de las clases de lectura en la mañana, la tarea en la tarde y la bici antes de que caiga el sol. Se sabe del chocolate caliente por las mañanas, y el tibio beso de mamá antes de dormir. Pero de esas cosas el pequeño Leo no sabía nada.

Leo sabía de pisos de tierra y de pelotas de medias. Sabía de anafes y neveras vacías, de chancletas voladoras capaces de doblar las esquinas del pasillo. Sabía de las clases de lectura en la mañana, la limpiabotas en la tarde y de lo enorme que se ve la luna desde la galería sin mecedoras.

Todas las tardes, luego de la escuela, Leo tenía el deber de salir con su limpiabotas a buscar su aporte para la casa paterna. Dos pesos con cincuenta centavos el monto impuesto por La Mama, cuando “la limpia” era a 10 centavos el par. Toda una hazaña. Y La Mama no estaba para juegos: a la casa no se entraba sin el dinero del día. No tenía opción.

Los fines de semana las tareas cambiaban, según el ánimo de La Mama y su inspiración en la cocina. A veces helados en fundita (de tamarindo, de chinola de batata con coco). A veces dulce de coco tierno, que guallaba cada mañana desde que salía sol. A veces eran arepitas. De yuca. Calientes y crujientes. Perfectas.

Un sábado temprano La Mama tenía las arepitas listas. No bien daban las 7 y ya estaban las bandejas dispuestas en la galería para que cada uno de sus 9 hijos saliera a ofrecerle al pueblo el sabroso producto de sus manos. Leo odia salir a vender. Lo único que lo mueve es su obediencia ciega a La Mama y su miedo a la chancleta voladora. Es un terrible vendedor. Camina por las calle del pueblo, bandeja en mano, esperando que alguien lo vea y procure lo que vende. Eso de vocear que vende arepitas no le parece prudente. Se la pasa soñando despierto con su bandeja al hombro: en el jonrón que dará en la noche, cuando terminé de vender; en la mano de la profesora acariciándole el cabello mientras lo felicitaba por sus grandes avances en la clase de lectura y en los 15 pesos que ahorraría para comprarse una bicicleta. En esas andaba cuando pasó aquello. Chocó de rodillas con un banco del parque. La bandeja voló por los aires. Las arepitas fueron parar a la polvorienta calle. Por un minuto Leono pudo moverse. Le tomó tiempo decidir que haría. Seguir vendiendo arepitas “polvoreadas” no era siquiera una opción. No podía mentir. Llegar a la casa sin esas ganancias era someterse a la agonía de la chancleta.

Tomó su bandeja, recogió sus arepitas, las acomodó como pudo y caminó de regreso a la casa. Se detuvo un minuto en la galería, mirando hacia dentra. En el patio La Mama recogía los cocos para el dulce de mañana. En la mesa de la sala había dos bandejas con calientes (y limpias arepitas). Tuvo que actuar. Cambiar su bandeja por una nueva le supuso un gran esfuerzo de astucia y velocidad.

 

 





De blogs y dramas sociales, y cambios de aire, y nuevas razones

21 05 2013

Tengo un blog desde el año 2007, más o menos cuando la onda era tener un blog (porque Twitter era algo así como la idea de alguien). Entonces abrí un blog. Abrí un blog porque desde que sé escribir ha sido mi gran pasión. Entonces era obvio tener uno.

Hace más de un año dejé de escribir. En general. Ni en servilletas, ni en hojas sueltas, ni en la computadora. Escribía para otros en revistas, en otros blogs. Cuando te pagan por escribir, hacerlo por placer se vuelve cuesta arriba. Cuando escribir es tu trabajo no hay espacio para el “hobbie”. Y eso me pasó. Entonces dejé de escribir. Para no dejar morir el blog comencé a publicar trabajos archivados y mis diversas publicaciones. Pero hasta eso se volvió tedioso. Es así como en agosto de 2012 dí mi blog por cerrado. Sin anuncio, ni despedida. Como depilarse las piernas: de golpe y sin darte cuenta (es que si lo piensas te arrepientes, caray).

Entonces…. sucedió. Fui a TycSocial. Conocí gente. Vi gente que hacía tiempo no veía. Disfruté de los aciertos y me burlé de ignoré los desaciertos (saludos a la gente de #ElOtroCongreso). Cuando salí del Aula Magna de la UASD tenía ganas de contar aquella linda experiencia, pero pensé que sería muy canalla de mi parte venir, actualizar este blog así sin más, sin vaselina, a lo salvaje. También me pregunté, de nuevo, si en realidad quería decir algo.

Durante el fin de semana pensé en todas las cosas que tengo para contar y en las razones por las que dejé de escribir. He pensado en las razones para tener en blog y lo que se supone que debe ser uno. En general pienso que este espacio, como lo concebí desde que lo abrí, ha cumplido su ciclo. Soy una mujer muy diferente a lo que era cuando abrí este blog, con gustos diferentes, actitudes diferentes, nuevas formas de ver las cosas y, por supuesto, de comunicarlas. Nuevos intereses, nuevas pasiones… ya no me mueven las mismas cosas. Y de repente siento que no encajo en este pedacito que una vez fue tan mio.

Ya veremos lo que pasa. Hay mucho que decir. Mucho que leer. Mucho vino que tomar… necesito un nuevo ciberhogar. por ahí nos vemos.





OjoxOjo, LibroxLibro: Intercambio de Libros de Letras & Punto

27 08 2012

Alla los espero!





¡Ser escritor/a apesta!

13 12 2011

“Tengo una buena idea para un libro. Sonrío y me pongo contengo porque me parece genial, brillante, y está llena de posibilidades. La escribo, leo y releo y poco a poco se me esfuma la sonrisa. No es eso lo que quería decir, borro o cambio algunas palabras. Lo intento una vez más, pero tampoco funciona, así que decido suprimir todo. Mientras maldigo el momento en que se ocurrió que podría escribir, me dirijo hacia la cocina, abro la nevera y cojo una lata de cerveza, la destapo, tomo un sorbo y me vuelvo a sentar ante el ordenador.  Pruebo de nuevo. No, no me gusta, con la cerveza en mano salgo a la terraza y oteo el horizonte en busca de inspiración divina. Me quedo mirando embobado el vuelo de un pájaro y de pronto me pregunto: ¿qué estoy haciendo?”

Tomado del libro “Coaching para escribir” de Sergio Bulat. Editora Paidós





Superando la nostalgia de la juventud*

21 10 2011

Por Amelia Pontes de Sound Bites

Los ves saltarse las cercas, hacer rechinar los metales en parques públicos, subirse sobre las barras y pararse 20 pies sobre el suelo agitando los puños en señal de victoria. Envidiarás la libertad y la inocencia en sus brincos y en los nudos de su cabello sin peinar. Añorarás la fuente de la juventud, o soñarás con una máquina que te lleve de regreso a aquellos tiempos de invisibilidad e ingenuidad. Comenzarás a sentir lástima por ti mismo y lamentarás los crujidos de tu espalda y los nudos en tus hombros.

 Entonces escucharás sus palabras y los verás hablar unos con otros. Escucharás la actitud defensiva en su aliente, exhausto y exasperado por sus inseguridades. Sus cuerpos se deslizan con libertad en sus skateboards, pero sus mentes tiemblan de miedo.

Superarás la nostalgia de la juventud y recordarás exactamente lo que era tener 16. Las noches en que te molestaba el acné en tu barbilla harán bajar un hilo de sudor por tu espalda. Recordarás la ansiedad que causaban los exámenes de Geometría. El trauma de que la maestra lea tu escrito en frente de toda la clase volverá a tu mente y un frio recorrerá tu espina dorsal.

No olvidemos lo que es (realmente) ser un adolescente. Tener veintinueve no parece divertido, pero es, sin duda, confortable. No sé qué quiero hacer por el resto de mi vida, pero al menos tengo un plan para mañana. Sé quiénes son mis amigos, y que mi barista favorito en Starbucks trabaja la tanda de la mañana, cuando regularmente voy. Tengo, finalmente, un restaurante favorito y un vino favorito. Me gustan los vegetales, y correr y hacer ejercicio no es algo que me asuste. Tengo una cuenta de banco que no está sobregirada. Tengo un excelente seguro de salud. No tengo que rogar por cambio para el autobús, finalmente tengo un pase mensual. Es cierto, todavía vivo en casa de mis padres, pero esto es lo que hace más sentido en este momento de mi vida. Tengo independencia, con el confort de un tibio abrazo de mami los sábados en la mañana. No tengo licencia de conducir, pero mis piernas son ahora más fuertes que nunca y mis pantorrillas lucen geniales. Mi cabello no está tan frizz como antes gracias a una extraordinaria peluquera. Toda mi ropa luce bien en mí, aquello de que la belleza está en el ojo de quien mira finalmente tiene sentido. La vida es difícil e injusta, pero soy lo suficientemente adulta como para saber que todo está en orden. 

*El post original fue escrito en inglés con el título “Getting over the nostalgia of youth” que pueden leer aquí. Traducido y publicado con autorización de la autora.





Fin de semana de FLUC

17 10 2011

Este fin de semana pasé por el Centro Cultural Mauricio Báez, a la tan esperada Feria del Libro Usado y Cultura, FLUC. Debo decir que, si bien la asistencia no fue la deseada, la FLUC llenó mis expectativas: un programa variado y de calidad; y muchos, muchos libros a precios increíbles.

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¡Nos vemos en la FLUC!

13 10 2011

Pueden ver el programa de actividades en este link

 

¡Participen, compren! Descubran la magia que existe detrás de un libro usado. Con lo caros que están los libros, no se pueden perder la oportunidad ÚNICA que nos da la FLUC de comprar libros a precio de ganga.

¡Nos vemos allá!

 

 

 

 

 

 

 








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